Implicaciones Institucionales.
Al margen de la metodología utilizada, se está dando una transición desde
la convencional clase en el campus a la clase en el ciberespacio.
Profesores y alumnos actúan de distinta manera en los dos tipos de clase.
Los productos de aprendizaje son diferentes también. Los cursos y
programas de comunicación mediada por ordenador han aparecido tan
rápidamente que, ni educativa ni socialmente, se ha desarrollado un
pensamiento sobre el posible impacto de este método de distribución. Ni
tampoco hay mucho ideología sobre la necesidad de modificar el enfoque
educativo: lo corriente es ensayar con los métodos tradicionales de
enseñanza en entornos no tradicionales.
En este contexto, las instituciones educativas necesitan involucrarse en
procesos de innovación docente apoyada en las TIC, presionadas, entre
otros factores, por el enorme impacto de la era de la información, que
hace que la compartimentación de los sectores profesionales, de ocio y
educativo sea superada de tal forma que, al mismo tiempo que se han
generado nuevos mercados para la universidad, ésta también pierde el
monopolio de la producción y la transmisión del saber; por la
comercialización del conocimiento, que genera simultáneamente
oportunidades para nuevos mercados y competencias nuevas en el sector; y
por una demanda generalizada de que los estudiantes reciban la
competencias necesarias para el aprendizaje continuo.
Elementos de análisis de la implicación institucional.
Entendemos que las implicaciones institucionales de estos procesos de
cambio que supone la introducción de las TIC en la docencia
universitaria se manifiestan en distintos aspectos que veremos a
continuación.
- Contexto.
Ninguna innovación puede ignorar el contexto en el que se va a
desarrollar. La introducción de las TIC en la docencia universitaria
supone considerar aspectos que hacen referencia a las características,
tanto individuales como colectivas, de los posibles usuarios
Se hace imprescindible partir de un análisis del contexto donde la
innovación se ha de integrar, ya sea desde el punto de vista geográfico
(la distribución de la población, la ruptura del territorio en islas
–como es nuestro caso–, las condiciones sociolaborales en las que
nuestros posibles alumnos se desenvuelven…), pedagógico (concepciones y
creencias, nuevos roles de profesor y alumno, mayor abanico de medios de
aprendizaje, cambios en las estrategias didácticas…), tecnológico
(disponibilidad tecnológica de la institución y de los usuarios…) o
institucional.
Por otra parte, es fundamental atender al contexto organizacional, ya
que de él dependerán muchas de las posibilidades del funcionamiento de
la innovación, pero también se ha de prestar atención al contexto
socioeconómico, cultural, etc., del alumno. La integración de este tipo
de programas se realiza en un triple contexto:
– Contexto socioafectivo que el alumno encuentra en el entorno
académico: el ambiente de clase, el rol que el profesor representa
dentro de este ámbito, la percepción del papel que el alumno
desempeña.
– Contexto de los otros elementos pedagógicos que intervienen en
el proceso global de enseñanza aprendizaje.
– Contexto de la vida fuera del aula. Aquí, no sólo se encuentra la
familia o el entorno social o ambiental; el alumno vive inmerso en una
sociedad de consumo, en una sociedad caracterizada por las nuevas
comunicaciones, en una sociedad de la información, global.
Se trata de considerar la integración de las TIC a las instituciones de
enseñanza superior en el contexto de la evolución de la sociedad, del
cambio social, etc. Debe ser analizada la oportunidad de «mercado», ya
que aparecen nuevas posibilidades para las universidades en acciones
alternativas a las convencionales. Como consecuencia, se debe
reflexionar sobre la necesidad y urgencia de introducirse en este
terreno por parte de las universi-dades, ante la competencia que en el
ámbito de las «enseñanzas virtuales» va apareciendo, y sobre los
peligros de la excesiva comercialización del conocimiento. La fortaleza
de las universidades en el terreno de las TIC en la docencia está, como
se dijo, en el profesorado y en el conocimiento. Pero ninguna
universidad es fuerte en todos los campos. Se hace, pues, imprescindible
la alianza entre las instituciones, la formación de equipos
interdisiciplinares, interinstitucionales, que abarquen todos los
aspectos necesarios para la calidad de los programas (técnico,
pedagógico, comunicativo, etc.).
-
Política institucional.
Si pretendemos preparar a nuestra institución para el futuro, es
importante involucrar a toda la comunidad universitaria, y esto en sus
primeros momentos puede estar reñido con proyectos estrella. Se ha de
tener claro qué es lo que se pretende a medio y largo plazo. Los
proyectos propulsados por profesores entusiastas, aunque son loables, no
suelen ser efectivos. Es imprescindible que las instituciones de
enseñanza superior se involucren en experiencias de explotación de las
TIC en la docencia. Es importante que el proyecto de innovación esté
integrado en la estrategia institucional y que la comunidad
universitaria lo asuma. Se supone que todos los miembros de la comunidad
(dirección, profesorado, etc.) deben mostrar compromiso con el proyecto.
Es primordial el compromiso y el apoyo institucional a este tipo de
experiencias, tanto para la supervivencia de las mismas como para la
evolución de las entidades universitarias. Así como se ve incierto el
futuro de las iniciativas particulares de los profesores, tampoco parece
que puedan tener éxito proyectos impuestos desde los órganos de
gobierno. Es necesario concienciar a la comunidad universitaria. Junto
al apoyo institucional se considera, por lo tanto, elemento crucial el
convencimiento del profesorado como factor clave del éxito. Ello
requiere fuerte motivación (sensibilización, reconocimiento, incentivos)
del profesorado que participa, o que es susceptible de participar, en
experiencias de utilización de las TIC en la docencia universitaria. Hay
que recordar que las innovaciones no tienen éxito si son solamente de la
base a la cabeza, ni a la inversa. De ahí ese compromiso. Se constata la
necesidad de concienciar a los órganos de gobierno de las universidades
para potenciar a los grupos establecidos, o por establecerse, que se
dedican a la explotación de las TIC en la docencia. Sería preocupante
que los grupos innovadores en este terreno estén trabajando de forma
dual: convencionalmente, en su quehacer cotidiano, y en experiencias de
estrategias innovadoras en proyectos externos a la universidad. No
obstante, parece esencial insistir en la idea de que nos encontramos en
unos momentos cruciales para el despegue de una amplia aplicación de las
TIC en la formación, que lleva a un verdadero proceso de cambio. Como se
ha señalado, resulta fundamental, pues, la necesidad de disponer en las
universidades de una estrategia institucional que suponga una
formulación de un enfoque conjunto de futuro sobre el modelo de
enseñanza y aprendizaje, frente a la proliferación de proyectos
personales o de centros (Salinas, 1999). La incorporación de las TIC a
las organizaciones ha demostrado siempre la necesidad de un
replanteamiento de la organización interna, una reingeniería de la
actividad, de los flujos de información y de los productos para los que
se orienta su labor. En el caso de las universidades españolas,
habitualmente, no existe en el organigrama una ubicación clara de la
responsabilidad de los recursos de TIC para la docencia, ni un canal
establecido para su financiación, gestión y desarrollo. La universidad
entendida como organización debe afrontar esta evolución para llegar a
ser una institución plenamente operativa en la sociedad de la
información del siglo XXI.
Es importante considerar los elementos que se ponen en juego para
ejecutar el proyecto. A veces se definen los objetivos a lograr como si
ya se hubieran conseguido. La forma en la que cada organización
despliega los recursos y los organiza va a ser importante para el logro
de los mismos.
En la universidad, las actividades ligadas a las TIC y la docencia han
sido realizadas habitualmente por profesores entusiastas, que han
conseguido dotarse de los recursos necesarios para experimentar. Por lo
tanto, no ha existido en el organigrama institucional una ubicación
clara de la responsabilidad de los recursos de TIC para la docencia, ni
un canal establecido para su financiación, gestión y desarrollo. Los
servicios de informática han podido, en algunos casos, darles cierto
soporte, pero sin la imprescindible planificación docente y
configuración pedagógica. Por otra parte, un cierto número de
experiencias durante los años recientes demuestran que las iniciativas
aisladas resultan difíciles, costosas y limitadas en su eficacia, y que
cuando no salen adelante, tienden a producir desaliento y actitudes
negativas por parte tanto de los docentes como de los propios
estudiantes.
Práctica, experiencias y efectos.
Las prácticas que se desarrollan, aquellas que son el objeto de la
innovación, dependen de la organización de los elementos y recursos a
disposición del proyecto, y pueden concretarse en distintos tipos. En el
campo que nos ocupa, puede contribuir como elemento esclarecedor lo que
Roberts, Romm y Jones (2000) describen en sus cuatro modelos, en función
de la evolución del sistema y centrados preferentemente en instituciones
convencionales:
– Modelo de iniciación. Se caracteriza por ofrecer apuntes y algún otro
material en formato web. Generalmente no se facilitan oportunidades para
la interacción o el diálogo, ni se proporcionan recursos extra. La
utilización de Internet como apoyo en el aprendizaje y en la enseñanza
requiere un cambio de cultura, tanto en los profesores como en los
estudiantes. Por lo tanto, no sorprende que este modelo minimalista sea
ampliamente usado por quienes son más cautelosos ante tal cambio. En
todo caso, este modelo es aconsejable en aquellos contextos de
aprendizaje donde el tiempo de preparación sea muy limitado, el espacio
en el servidor web sea escaso, el instructor sea nuevo en la
distribución basada en web y fallen las destrezas básicas relativas a
ordenadores.
– Modelo estándar. Trata de utilizar las ventajas proporcionadas por la
tecnología para permitir un cierto grado de comunicación e interacción
entre estudiantes y profesores, además de proporcionar otro tipo de
recursos, como los recursos electrónicos en forma de enlaces, copias
electrónicas de todos los materiales impresos del curso, diapositivas de
las clases, notas de las clases presenciales, tareas y soluciones de
talleres, guías para las actividades, lista de discusión electrónica
para el curso, etc. La utilización de este modelo es apropiada cuando el
profesor está experimentando por primera vez con la gestión de la
enseñanza a mediante la web, o cuando los estudiantes están participando
por primera vez en un curso de estas características, o cuando se
prefiere, por alguna razón, la distribución de actividades en papel,
etc.
-Modelo evolucionado. Mejora el estándar al introducir otros elementos
complementarios de cara tanto al entorno de enseñanza (seguimiento de
los alumnos, gestión electrónica, etc.), como al de aprendizaje
(distribución en CD-ROM, clases pregrabadas en audio, animaciones,
clases en «vivo» como respuesta a demandas específicas de estudiantes,
etc.). Este modelo es apropiado en situaciones donde es preferible la
distribución de actividades en formato electrónico, las clases pueden
ser pregrabadas, el profesor dispone de suficiente tiempo para asegurar
la difusión del sitio web, se pretende la interacción y la
retroalimentación, y cuando se van a trabajar aspectos complejos o
técnicos.
– Modelo radical. Mientras los tres modelos anteriores tratan, en
medida distinta, de adaptar el patrón de enseñanza presencial a un
formato web, el radical ignora el concepto de clases. Aquí, los
estudiantes son organizados en grupos y aprenden interactuando entre
ellos y utilizando una vasta cantidad de recursos web existentes, y el
profesor actúa como guía, asesor, facilitador, o cuando es requerido.
Las características diferenciales de este modelo serían, por ejemplo, el
envío de un vídeo a todos los estudiantes al comienzo del semestre,
explicando la forma en la que el curso funciona. Tras una mínima
instrucción tradicional, los estudiantes usan los materiales y localizan
otros recursos disponibles en la web, el uso intensivo de las listas de
discusión, la sustitución de clases por presentaciones electrónicas en
línea preparadas por los mismos estudiantes, la organización de los
estudiantes en grupos; etc. Las situaciones en las que la aplicación de
este modelo resulta aconsejable serían cuando se considere beneficioso
el trabajo en grupo, para estudiantes que estén familiarizados con el
uso de la web, las herramientas de comunicación y los sistemas de
búsqueda de información, que dispongan de habilidades de investigación y
que sean capaces de trabajar de forma autónoma, sin la presencia
continuada del profesor
Comentarios
Publicar un comentario
Gracias por participar en esta pagina